No prestes atención a las cosas sin importancia
Frecuentemente nos involucramos en las situaciones que, cuando las analizamos más detenidamente, no valen realmente la pena o son insignificantes. Nos efocamos en pequeños problemas y preocupaciones y los convertimos en algo fuera de proporción. Por ejemplo, camino al trabajo, un conductor se mete peligrosamente en la fila en la que estamos conduciendo y, en vez de dejarlo pasar y continuar con nuestra vida, nos convencemos a nosotros mismos que nuestro enojo está justificado, imaginamos una confrontación y muchos de nosotros incluso comentamos el incidente.
¿Por qué no en vez de todo eso permitimos que ese conductor vaya y tenga su accidente en otro lado? Tratemos de tener compasión por esa persona y recordemos lo estresante que es estar en esa situación de enorme apuro. De esa manera, podemos mantener nuestro sentido de bienestar evitando tomar como personales los problemas de otras personas.
Hay muchos ejemplos similares de «cosas pequeñas» que ocurren todos los días en nuestras vidas. Ya sea tener que esperar en una fila, escuchar una crítica injusta o tener que compartir algo, paga enormes dividendos el aprender a no preocuparnos de las cosas pequeñas.
No perdamos el contacto con la magia y la belleza de la vida. Cuando nos comprometemos a trabajar con este objetivo, podemos darnos cuenta que así tenemos mucha más energía para ser amables y gentiles.
Que los ángeles acompañen tu camino.
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