En memoria de un árbol

Hace poco más de dos años llegué a la casa que hoy habitamos. Uno de mis más grandes placeres era abrir las cortinas de mi habitación y ver frente a mí un hermoso árbol que tenía una altura aproximada de 6 metros. Bellísima expresión de la Naturaleza llena de vida, avecillas que me deleitaban al amanecer y al ponerse el sol, el verde colorido de su tupido follaje y la maravilla de tenerlo sólo para mí. De verdad que me llenaba de éxtasis y de profundo agradecimiento.

requiem a un árbolNo me duró mucho el gusto pues unas cuantas semanas después, cortaron casi la mitad de su altura llevándose una gran cantidad de hogares y de vida. Fue un proceso de aprendizaje muy profundo y doloroso. En fin, siempre hay que moverse hacia adelante y agradecí la bienvenida de ese árbol a este nuevo hogar donde he sido muy feliz.

Hace un par de meses le cortaron casi todas las ramas con follaje con pretexto de podarlo porque rebasaba los cables de energía eléctrica de la calle. Me reservo mis comentarios pero en el fondo yo sabía cual era la intención de fondo. Y así fue. Hace dos días, llegué a casa y me percaté que estaban cortando de raíz ese maravilloso árbol que tan grande y refrescante sombra nos daba.

Al principio me molesté y expresé ampliamente mi enojo y preocupación a sabiendas que, si lograba que dejaran de hacerlo hoy, lo harían después. Ya habían sentenciado a muerte a mi maravilloso amigo. Él había llegado a ese lugar mucho antes que todos nosotros y ahora, lo estaban quitando. ¡Tanta sabiduría! calculo yo tal vez más de 40 años.

Decidí enfocar mis energías en dejar de crear enojos y corajes. Tal como les digo frecuentemente, crear el mundo de paz comienza por nosotros mismos. Así que inhalé profundamente, me conecté con lo espiritual y decidí salir a ayudar a este árbol a llevar a cabo su fin de ciclo.

Pedí a esos más de 6 hombres que estaban participando en su destrucción (jajaja ¡no podían con él! ¡ups! lo siento) que me permitieran un momento y me lo concedieron. Me acerqué al árbol. Lo toqué, le pedí perdón por lo que estábamos haciendo. Agradecí por todo lo que había hecho tanto tiempo por nosotros. Me pidió que tocara todos los troncos que lo formaban y toque cada uno de ellos dando vuelta a su alrededor. Fue hermoso… yo creo que más que yo darle paz, él me la dio a mí como último acto de amor al mundo y en significativa despedida. Jamás olvidaré ese flujo de energía amorosa consolándome… él a mí. Creo que la necesitaba sanar era yo. Él ya estaba listo para morir.

Y después, no sé cómo de repente me encontré hablando en voz alta diciendo: “una vez, una gran vidente que habla constantemente con Dios, le pidió en una de sus meditaciones: ‘muéstrame al ser más perfecto del Universo’ ¡sabes qué le mostró? un árbol… ‘¿un árbol? dijo ella y Dios le contestó ‘sí, un árbol… un árbol da cobijo y descanso bajo sus sombra, limpia y purifica el lugar llenándolo de oxígeno creando la magia de la fotosíntesis durante el día, un árbol alberga, da fruto y te alimenta, te provee de material para construir, se alimenta sólo del sol, la tierra y el agua y se alimenta a sí mismo, no compite con otras plantas sino que se acomoda para sobrevivir con todas y, aún después de morir, continúa alimentando la tierra’… ¿qué tal que todos fuéramos como árboles? que durante nuestra vida, demos cobijo y sombra, alimentemos, creemos magia, fomentemos la vida, ayudemos a dar materia prima para construir y, aún después de morir, sigamos alimentando la Tierra?”

requiem a un arbolCuando terminé de hablar, todos estaban mudos. Los bendije pidiendo a los ángeles de la Naturaleza del arcángel Ariel (líder de ellos) que acompañaran a cada uno de los involucrados en este proceso y me despedí reconfortada. La que había sanado era yo.

Antes de entrar a casa, me regresé y, a través de la reja, sin poder enfocar bien mi móvil para tomar una última fotografía (porque la luz del sol no me dejaba ver bien), saqué esta foto. Dime tú si el árbol estaba literalmente y en el amplio sentido de la palabra, EN LA LUZ.

¡Que los ángeles acompañen tu camino!